ENVIADO POR AGENCIA AF
Al multimillonario Craig McCaw de 62 años, no le suele temblar la mano a la hora de estampar su firma bajo cantidades que aturden al resto de los mortales.
Este magnate de las telecomunicaciones acaba de convertirse en el propietario del coche más caro del mundo después de haber abonado el equivalente a unos 28 millones por un Ferrari 250 GTO de 1962. La transacción se llevó a cabo a finales del pasado mes y el nombre del comprador, que en esta clase de operaciones suele quedar en el anonimato, ha salido a la luz de la mano de la agencia Bloomberg.
McCaw es uno de esos estadounidenses que desconciertan por su capacidad para encadenar éxitos empresariales y también por su falta de pudor a la hora de exhibirlos. Hijo del dueño de varias estaciones de televisión por cable, empezó vendiendo puerta a puerta el servicio que ofrecían las empresas de su padre. Intuyó las posibilidades de la telefonía móvil, entonces una tecnología aún balbuceante, y se metió de lleno en el negocio fundando su propia firma. En 1990 ya era el gerente mejor pagado de los Estados Unidos. La empresa familiar -McCaw trabaja siempre con su hermano menor, Bruce- prosperó de una forma tan meteórica que en 1994 la multinacional AT&T les ofreció por ella nada menos que 9.300 millones de euros.
La oferta era tan generosa que no la pudieron rechazar y a partir de entonces los McCaw empezaron a jugar en otra liga. Se aliaron con Bill Gates para poner en marcha Teledesic, una compañía para explotar servicios de comunicación vía satélite, y fundaron un conglomerado de empresas vinculadas a internet y telefonía móvil que les ha llevado a convertirse en uno de los clanes familiares más ricos y poderosos de todo el planeta.
Craig, que es el patriarca y cabeza visible del imperio, se ha revelado un hombre de impulsos capaz de hacer cosas tan aparentemente antagónicas como financiar con dos millones de dólares una campaña para que Willy, la orca que protagonizó la exitosa saga cinematográfica que llevaba su nombre, abandonase su cautividad, o aportar fondos para sufragar la carrera a la Casa Blanca de George W. Bush.

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