18 jul 2012

Estudio revela jóvenes abusan de potencializadores sexuales


"Hay una desconexión total entre lo que los hombres creen que las mujeres quieren y lo que las mujeres realmente quieren"
El 28% de la población de estudiantes de 17 a 30 años admite haber usado algún potencializador sexual con la finalidad de "darle duro a las mujeres", así lo revela una investigación de tesis realizada por estudiantes de trabajo social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
La investigación de Tania Fajardo Santana, Héctor Romero Morillo y Kirssy Santana demuestra que el uso de potencializadores sexuales y su implicación en la construcción social de sexualidad masculina contribuyen a distorisionar la mentalidad de los jóvenes dominicanos.

Héctor Romero planteó que mientras los hombres piensan que el ejercicio sexual debe fungir a partir de la violencia y la virilidad, las mujeres están orientadas a las emociones y caricias, elementos que traspasan los factores con los que han sido educados los hombres: erección, penetración, eyaculación.
"Hay una desconexión total entre lo que los hombres creen que las mujeres quieren y lo que las mujeres realmente quieren, y no tiene nada que ver con pela ni dureza", agregó la comunicadora Yolanda Martínez
Los resultados indican que hay un desencuentro entre las ideas de relaciones sexuales entre hembras y varones adultos, y que el problema está en el mercadeo y comercialización del producto.
"Ha habido toda una campaña desde la industria farmacéutica, y la ignorancia de la sexualidad masculina ha contribuido al enriquecimiento de este sector", sostuvo Romero.
Otro dato que salió a relucir es que los jóvenes usan los potencializadores sexuales de manera oculta para hacer creer a las mujeres que tienen mucha virilidad.
Estas informaciones fueron ofrecidas por los jóvenes al ser entrevistados en el porgrama radial "Voces Propias" que conducen Patricia Solano y Yolanda Martínez por la Z101.
Trabajo Social es una carrrera nueva de la UASD que sólo se imparte en esa academia,y dura cuatro años.
Por: Patricia Pérez Díaz

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