El agua, único amigo en el que puedes confiar tras una buena fiesta. Foto: Ktoine. Algunos derechos reservados.
Dijeron que te ayudarían, que te iría mejor con ellos, que te olvidaras de tus aburridos amigos de antes. Todo era mentira: ni el zumo de naranja, ni el paracetamol, ni la cañita, ni el café son buenos para la resaca. Te contamos algunas verdades sobre tus nuevos colegas para que te replantees volver a tus compañeros de los domingos de toda la vida: el agua y los tallarines carbonara.
Zumo de naranja. Agua, glucosa y vitaminas. Todo lo que tu cuerpo necesita en una sola bebida. Parece una idea genial, ¿verdad? Míralo así: tu estómago está peleando una durísima batalla contra las cinco cervezas, las tres copas, el último chupito, el “no, ahora en serio, éste sí es el último chupito” y los tres trozos de pizza que tomaste camino a casa. Ahora, piensa en qué bando va a luchar el ácido cítrico.
Analgésicos. “El ibuprofeno preventivo” es el ser mitológico favorito de los borrachos. Sí, el de antes de dormir. En plena euforia etílica parece una idea estupenda, pero haz cuentas: el efecto del fármaco dura seis horas, es decir, justo va a dejar de actuar cuando te va a hacer falta, al despertar. Además, tanto este analgésico como su colega, el paracetamol, se metabolizan vía hepática, así que pregúntate si es buen momento para dar más trabajo a tu pobre hígado.
Alcohol. Como depresor del sistema nervioso que es, el alcohol tiene propiedades analgésicas y, debido a ello, puede que esa cañita mañanera alivie un poco tu dolor de cabeza a corto plazo. A largo, todo irá a peor: acelerará la deshidratación y posiblemente tu resaca será un par de horas más larga. El efecto del bloody mary es similar al de la cerveza, pero la patada no será solo para el hígado sino también para el estómago. El tabasco no es una buena elección para los cuerpos delicados.
Café. Si tienes que ir al trabajo y necesitas resucitar a toda costa, tal vez el café sea el único salvavidas al que agarrarse en el mar de la resaca, pero evítalo si puedes: favorece la deshidratación del cuerpo y puede alargar (más todavía) la agonía que te queda por delante.
Comer como si no hubiera mañana. Cuando lleves tres horas en el sofá replanteándote tus salidas nocturnas –y la vida en general– llegará ese momento en el que todo tu malestar se convierte en un terrible apetito por el que no dudarías en pedir un cochinillo a domicilio. Resiste la tentación de rescatar la pizza barbacoa o descongelar las hamburguesas de emergencia. Lo que el cuerpo necesita son carbohidratos, y sencillitos, así que evita la carne y prepárate un buen plato de pasta o una sopa de fideos. Si eso no te cura, nada lo hará.

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