En un informe de 25 páginas para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense dado a conocer el 22 de febrero, Carl Meacham, asesor del republicano Richard Lugar, concluye lo que casi todos sabíamos desde hace años: que el embargo estadounidense a Cuba ha sido un fracaso, que sólo ha servido para reforzar a la dictadura y que ya es hora de una nueva estrategia.
Aunque no pide levantar el embargo de inmediato, es partidario de suavizarlo, iniciar negociaciones diplomáticas y participar activamente en una estrategia multilateral a favor del cambio pacífico y democrático en Cuba.
Estas conclusiones son el resultado de una visita de tres días –del 11 al 14 de enero- de varios asesores de Lugar a Cuba y coinciden con el deseo expresado por la nueva secretaria de Estado, Hillary Clinton, en carta enviada a Lugar el 12 de enero y por el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, antes y después de su victoria del 4 de noviembre.
Según el informe Meacham, mantener el embargo va en contra de los intereses de los aliados latinoamericanos, dificulta gravemente la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado en la región, permite a los Castro y sus lugartenientes seguir disponiendo de un chivo expiatorio al que culpar de todos los errores propios, reduce las posibilidades de ayudar a la sociedad civil cubana y, por si no bastara, deja a los EE.UU. fuera de una zona de gran valor estratégico que se están repartiendo multinacionales de una docena de países.
Aunque, en su primer año, Raúl Castro se ha quedado muy corto en las reformas internas prometidas y mantiene a unos 200 presos políticos en la cárcel, ha aceptado con muchas cautelas la oferta de Obama de hablar “en un lugar neutral”, ha restablecido relaciones diplomáticas normales con la UE y con México, ha firmado (pendientes de ratificación) los convenios de derechos civiles y políticos, y de derechos económicos, sociales y culturales de la ONU, ha logrado el ingreso de Cuba en el Grupo de Río y ha recibido a seis presidentes latinoamericanos (a Hugo Chávez por quinta o sexta vez en un año) y a un africano en La Habana desde el 1 de enero.
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